Los besos de mi amo
- 6 mar 2016
- 3 Min. de lectura
A veces, me dice que no puedo ir tan libremente viviendo el BDSM, que la gente no lo llega a entender bien... Que si le contara realmente a alguien lo que hacemos en la intimidad, incluso él acabaría en la cárcel... Yo simplemente río.
Y es que ¿Qué hay de malo en los besos de mi amo? si me los da con un eterno cariño y a mi llenan como nada me ha llegado a llenar. Esta entrada del blog, se la quiero dedicar a él...
Hace un tiempo, cuando cumplí los dieciocho, empecé a trabajar de camarera en una típica cadena de restauración (quién sabe, a lo mejor te topaste conmigo sin saberlo) llegué a mi primer día con cero experiencia pero con la gran necesidad de trabajar para pagarme la universidad. Y ahí estaba él. Era mi jefe.
Mi amo es de esos hombres que te imponen nada más verlo. Desprende cierto halo desafiante que a mí en cierto modo me cohibía y atraía a partes iguales (mágicamente sigue siendo igual a día de hoy)
Nunca antes había experimentado con fetiches, él sí. Nunca antes había tenido una relación con alguien casi veinte años mayor que yo, él sí. Nunca antes me había liado con mi jefe, él sí.
Al principio era una simple relación laboral, le caí en gracia y decidió ayudarme todo lo posible para que me convirtiera en una gran trabajadora (Sin ti habría sido casi imposible, Gracias...) Sin quererlo ni beberlo, fijó la vista en mí: un bicho pelirrojo con escasa experiencia en casi nada. Hasta que una noche cerrando el local nos quedamos solos.
A mí me gustaba, se notaba. Y a él, su naturaleza le hacía pensar que no había nada que le resultara incalcanzable.
Así ocurrió, caí embobada en las redes de un dominante que me descubriría el placer de la adoración y del dolor.
Durante los siguientes meses la relación en el trabajo siempre se mantuvo discretamente, pero no podía evitar quedarme mirándole trabajar y mandar a los demás camareros ¿Que cojones tenía ese tío para que me pusiera tanto verle organizar y echar broncas? Jamás me había pasado, pero era jodidamente excitante.
Tal vez era su voz, su porte, la actitud... O todas las cosas que él sabía y que yo no
Tenía el completo poder sobre mí y yo ni era consciente de eso. Un día mientras volvíamos del trabajo, recuerdo que estábamos cruzando un paso de peatones (soy mujer de memoria visual, pero jamás podré acordarme de un nombre a la primera) y me dijo ¿Qué opinas de follar duro... La sumisión? le dije Yo quiero probar eso. Realmente habría probado todo con él. Puede parecer una conversación de cincuenta sombras de grey.... pero juro y perjuro que esto ocurrió antes de la 1º edición del libro, por lo que, en todo caso... E.L James nos copió a nosotros.
Esa fue la primera vez que sondeó sobre mis capacidades de sumisa. Pactamos en seguir hablándolo para llegar a un acuerdo. La verdad es que siempre hemos sido raritos, pero`podemos hablar de todo el uno con el otro. Y es una de las cosas que más adoro de nuestra relación D/s
El ritmo que llevábamos era vertiginoso, demasiadas sensaciones en poco tiempo. Hasta que llegó el día en el que me sentó y me dijo Tenemos que poner una palabra clave... ¿Palabra clave? - le respondí- Si, por si llego a tu límite de dolor... La primera vez que escuchas eso ya te digo yo que se te suben los huevos a la garganta, pero a la vez te mojas (Raro, si, pero hay pocas cosas normales en mí)
Cacahuete
Eso debía decir, y digo actualmente si hay algo que no quiera hacer. Y es que el BDSM es eso, una relación en la que el sumiso tiene el poder de parar cuando quiera. Y es por eso que me enorgullezco tanto de ser la sumisa de mi amo. Porque es totalmente consentido. Totalmente deseado. Totalmente necesitado.
Cuando pruebas la sumisión ya no hay manera de salir de ella. Si no la practicas te falta algo. Y es lo que me provocó esa primera vez que folle según los roles de D/s.
Admito que mi amo me enseñó y me enseña muchísimo, en general: sobre mi cuerpo, mis filias o sobre la vida. Es el mejor tipo que puede acompañarme en la vida. Por eso quiero decir que un dominante no tiene por qué ser un hombre malo, no maltrata, si no que forma parte de un rol consentido y llevado a cabo por dos partes. Mi amo no me humilla en la calle, aunque adoro cuando me da azotes en público. Mi amo me cuida, me manda mensajes de buenas noches y siempre está ahí si necesito algo. Y lo mejor de todo es que siempre se acuerda de castigarme. Por eso, y por otras muchas cosas más...
Los besos de mi amo son los mejores







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